BOLETÍN No. 189: América Latina los modelos alternos de desarrollo

Econ. Eduardo Santos Alvite, Centro de Investigaciones Económicas Colegio de Economistas de Pichincha. 2 de febrero 2018

Al inicio del 2018 se pone en perspectiva la discusión en América Latina y el Caribe de los modelos de desarrollo, particularmente por prevalecer una visión política por las elecciones recientemente hechas en Argentina, Ecuador, Chile, Honduras y las nuevas elecciones en México, Brasil, Costa Rica; así mismo, por la tragedia del gobierno anti democrático de Venezuela, la reelección en Bolivia y las incertidumbres que se han planteado en Perú, como sucedió en el pasado, particularmente en el período de la llamada guerra fría, donde el mundo se desgarró en la lucha entre el emergente socialismo llamado real del Imperio Soviético que llegó a América Latina con la Revolución Cubana y el capitalismo liderado por Estados Unidos y la respuesta frente al reto comunista de la creación de los Estados de Bienestar y Desarrollistas.

A finales del siglo XX con la caída del Imperio Soviético resurgió el reto del socialismo en el denominado socialismo del siglo XXI que vuelve al escenario de la historia la reiterada discusión entre capitalismo y socialismo. En la coyuntura actual se puede apreciar por el desastre anti democrático de Venezuela, los nuevos gobiernos de orientación de mercado de Argentina y Chile y tasas de crecimiento menores por la caída de los precios de las materias primas, se pone en perspectiva una discusión profunda sobre los modelos alternos de desarrollo, desde la visión de alcanzar una sociedad más justa y sustentable frente al capitalismo tradicional, que vuelve con fuerza recientemente; en rigor de lo que se trataría es si es posible que los avances sociales en materia de inclusión se puedan mantener y profundizar en el perfil del retorno del modelo neoliberal monetarista, Consenso de Washington que nuevamente esta con fuerza presente; así las cosas renace la idea de que las utopías vuelven a morir o están desarmadas.

Cabría pensar que se debería repotenciar un horizonte de desarrollo humano y sustentable desde la vertiente de la región con mayor biodiversidad en el mundo y con la más alta dotación de agua, elemento con el que nace y sucumbe la vida, que tenga como objetivo fundamental eliminar la pobreza y la indigencia a la luz de que se avanzó en el reciente pasado, las llamadas décadas ganadas, que no deberían revertirse y volver al perfil de mantener a América Latina y el Caribe como la zona de la más injusta distribución de la riqueza y del ingreso, que es el camino por excelencia antidemocrático; todo ello, en un entorno internacional en el que disminuyen los procesos de integración que se alejan día a día de los enfoques supranacionales y están obsesionados por el libre comercio que cobra fuerza con la Globalización.

En suma los sueños Bolivarianos en vez de aproximarse se alejan con el peligro adicional de que la primera potencia del mundo los Estados Unidos está en el nivel más alto de incomprensión frente a sus vecinos del sur, negando la evidencia de su pertenencia al continente de América y con una visión cargada de discriminación racial que se vierte en intolerancia, en revertir tendencias históricas del sueño americano realizado por los migrantes además de viejos nacionalismos que no modernizan los tratados de libre comercio sino que ponen en perspectiva trasnochados pensamientos en la nación de la libertad y de la apertura, donde más de 50 millones de seres humanos latinoamericanos vivifican y desarrollan a la primera potencia mundial.

Cuando la intolerancia se pone de moda, como sucedió en la trágica década de los años treinta del siglo pasado, se requiere tener el coraje y la osadía para el renacimiento de las utopías desde América Latina como el gran sueño del desarrollo humano y sustentable, más aun cuando a pesar de la tragedia se transita en general en la senda de regímenes democráticos a pesar de sus imperfecciones.

Reconforta la creciente conciencia del rol del medio ambiente en la zona de mayor biodiversidad en el desarrollo y el avance de los llamados Andinos, como Ecuador, que en su Constitución le dio derechos a la naturaleza.

También, el presentimiento de que por medio de UNASUR se puede crear la Federación de los Estados Unidos de Sudamérica que presagian la posibilidad de que en el porvenir nuestro subcontinente sea la vanguardia del mundo y que el desarrollo es algo más que el crecimiento económico. En suma el desarrollo no es más que consagrar la más plena democracia.

En el Ecuador es curioso como en el eterno retorno se empieza a satanizar aspectos como la deuda externa, precisamente por parte de quienes cultivaron dicha deuda que la proclamaron agresiva y que fueron cultores del más grande desastre la crisis de 1999; sin desconocer los graves quebrantos de la corrupción particularmente presente en los últimos años en América Latina en México, Brasil, Argentina, Perú y Ecuador, no se puede dejar de lado lo que se avanzó en disminuir la discriminación racial que es la fuente más profunda no solo de la intolerancia sino de la posibilidad de una guerra mundial; y, de un proceso de migraciones signado por la infamia cuando se proclama la más plena Globalización.

Ecuador tiene la oportunidad en dolarización y con un panorama de precios de las materias primas que se están incrementando, en especial el petróleo, hacer un ajuste con rostro humano, que privilegia a los más pobres y las clases medias; y cree oportunidades para la inversión interna y externa; además, de los promisorios Acuerdos suscritos con la Unión Europea que ya han dado resultados y los posibles acuerdos con la primera potencia los Estados Unidos, país con el que tenemos una balanza comercial favorable.

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