Boletín No. 184: ECONOMÍA. EL CORTO, MEDIANO Y LARGO PLAZO

Econ. Eduardo Santos Alvite.
Centro de Investigaciones Económicas Colegio de Economistas de Pichincha.
11 de diciembre 2017

Cuando arrecia la crisis, cuando el pesimismo se convierte en el pan de cada día, recobrar la esperanza resulta por demás difícil. Esto no es nuevo, se da en forma reiterada en la historia; así, en la trágica década de los años 30 del siglo XX Keynes puso de manifiesto que en el largo plazo todos estaríamos muertos, en esas circunstancias encontrar la salida de la gran depresión solo fue posible de forma definitiva con la gran tragedia de la segunda guerra mundial, la llamada destrucción creadora (Shumpeter), luego se dio un gran período de un cuarto de siglo de prosperidad, que inclusive puso en perspectiva la planificación indicativa del desarrollo (milagro francés, holandés, Ecuador JUNAPLA 1954) la planificación central y la creación de la integración con el tratado de Roma en 1957; también la eclosión de las teorías del desarrollo de un mundo que emergía del colonialismo con la independencia de la India, China, Vietnam, Ghana, Argelia, los países del caribe y otros que dieron un gran impulso a la independencia, libertad y democracia para los olvidados de la tierra.

Crisis significa, como se repite hasta el cansancio, tragedia y oportunidad. Es el momento de la historia que magnifica el corto plazo, para con pragmatismo, encontrar las respuestas frente a la depresión pero, también, es el momento para pensar en el largo plazo, en el porvenir, esto sucedió en la década de los años 40. Ahora, con angustia en América del Sur se quiere salir de la depresión pero hay que pensar en la resurrección a través de la utopía. Volver a soñar que América del Sur integrada sea como le corresponde la primera potencia mundial al término del siglo XXI, en este aspecto tiene mejores condiciones que China, India, la Unión Europea, Estados Unidos, entre otras cosas por su baja densidad demográfica, por tener el activo más importante la biodiversidad, por sus valores entre los que destaca su alto índice de felicidad y su extraordinaria solidaridad familiar, en suma, su impresionante cultura sin desconocer su gran déficit en materia científica y tecnológica.

Para que la utopía se pueda cumplir en el largo plazo se torna indispensable, para una recomposición del poder mundial, que América del Sur se convierta en una Federación de Estados a través del renacimiento del Grupo Andino, de una apuesta de los dos más grandes Argentina y Brasil, para a través de UNASUR empezar el nuevo camino de la integración, en la que tienen papel singular los países mediterráneos Bolivia y Paraguay y el de mayor nivel de desarrollo humano Uruguay, esto no deja de lado a las Guayanas de origen imperial distinto.

La apuesta por la Federación de Estados Unidos de Sudamérica, con sede en Quito (UNASUR), requiere de oxigenar democracia por medio de la instauración del socialismo democrático, que deje atrás el caudillismo populismo, el esquema neoliberal monetarista. La esencia política de la integración desde lo supranacional es indispensable si se quiere que el porvenir sea nuestro en democracia y libertad.

La Federación de Estados Unidos de Sudamérica debe tener como fundamentos: las escalas de países con tratamientos diferenciados para los de menor desarrollo económico relativo y los de mercado insuficiente. Se debe revivir la programación industrial y hacer una acción mancomunada para la transferencia de la ciencia y tecnología, así como el tratamiento a la inversión directa extranjera y ampliar el ámbito del financiamiento por medio de la ampliación de la Corporación Andina de Fomento CAF y la creación de una moneda común el Sucre. Es el momento para volver a proyectar la tesis de la CEPAL del regionalismo abierto, que en rigor significa hacer frente a los retos de la Globalización día a día más irreversibles con la proyección de la región desde la soberanía de los países que la integran.

Volver en el eterno retorno a ideas germinales que cobraron vida sobre todo en la ahora Comunidad Andina hace medio siglo parecería en principio negar la realidad de como en el tiempo se marchita la integración, porque desaparecen los aspectos supranacionales que son su esencia. En ese escenario que surge de la historia insistir en el pasado parecería en principio absurdo; sin embargo, eso no es así. El mundo se merece bajo la inspiración de América Latina un destino mejor que privilegie la justicia, la repartición del ingreso justa que revierta la desigualdad, que potencie la libertad y que precautele el medio ambiente que es la vida que da vida. En suma, a pesar del triunfo del capitalismo inclusive como capitalismo salvaje determina que el destino de la humanidad inspirado por América Latina se base en la justicia, en la solidaridad y sobre todo en la democracia, al pensar en el porvenir en el largo plazo.

El largo plazo es el aspecto de menor significación en el desarrollo de las ciencias sociales; más allá de las notables contribuciones de los novelistas y poetas; así en el mundo de hoy y desde la perspectiva del eterno retorno, es indignante la existencia de la esclavitud (Libia), el coyoterismo vil tráfico de personas, los miles de muertos en el Mediterráneo, la intransigencia de algunos países de la Unión Europea para recibir migrantes. La resurrección de los muros con Donald Trump en pleno siglo XXI, los padecimientos de los soñadores DACA, la explosión del terrorismo de Estado e individual. Todas estas infamias, entre otras, tienen ante sí un mundo de silencio y de complicidad, lo que hace imperativo el renacimiento de la Ética, ante tanto cinismo que tiene como base la discriminación de género y la discriminación racial.

El caos que prevalece ahora no puede persistir sino se quiere que se extinga la vida, ya sea por una guerra mundial, con armas de destrucción masiva, o por el terrorismo así como el calentamiento global o por un mundo sin reglas, con un delirante proceso de acumulación de capital, con un consumismo desbordado que preanuncia el fin de la vida en este pequeño planeta azul la tierra. La utopía consiste en que se imponga la solidaridad y no la desintegración, en síntesis un cambio del poder como apropiación de los excedente, en un sistema democrático de socialismo al margen del populismo – caudillismo, comunismo y capitalismo salvaje.

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