Boletín 162: Las exportaciones no tradicionales del Ecuador

NOTA IMPORTANTE. – El 4 de febrero de 2017, el pueblo respondió sí mayoritariamente a las siete preguntas formuladas por el presidente Moreno. Con ello dio un mandato claro, en el sentido de que Rafael Vicente Correa Delgado no podrá aspirar a la reelección indefinida, el Consejo de Participación Ciudadana debe ser reestructurado, no tienen caducidad los delitos sexuales contra menores y otros temas. Las autoridades están llamadas a cumplir en el menor tiempo con esa decisión popular, sin atenuantes ni vivezas criollas. El país exige un cambio radical, de modelo económico, autoridades de control y altos funcionarios del Gobierno, para que no quede duda de que vamos a otra historia, no la de Correa y el Socialismo del siglo XXI.

EL TEMA DE HOY. – La población del Ecuador del 2018 se acerca a los 17 millones de habitantes y ocupa el puesto 67 entre las 194 comparables del mundo. En septiembre último, apenas el 48,7 por ciento de la población económicamente activa (PEA), tenía un empleo adecuado, mientras que el 5,3 por ciento estaba en desocupación abierta u oculta, y en el 46 por ciento se hallaba sub-ocupada. Además, más de la mitad de los trabajadores recibía mensualmente menos de USD 1000. Ello significa que, por el tamaño reducido de su mercado, que además está mal distribuido, el país no tiene salida alguna a su estado de subdesarrollo si se basa exclusivamente en ese mercado y peor aún, si las políticas económicas del gobierno buscan la redistribución equitativa del ingreso a partir del valor actual del Ingreso Nacional, sin tomar decisiones que agranden el pastel y éste efectivamente se agrande. Por tanto, es vital la participación nacional en el mercado internacional, exportando el más alto valor posible, a los más diferentes destinos y a precios remunerativos, tanto los productos que tienen ventaja comparativa, procedentes del sector primario de la economía, ya conocidos, cuanto los productos de los sectores secundario y terciario que registren ventajas competitivas.

Es necesario aclarar, para algunos lectores, que las ventajas comparativas son las que resultan de la disponibilidad de factores de producción derivados de la naturaleza (riqueza del suelo y del subsuelo, clima, posición geográfica, entre otros), cantidad de población y capital, mientras que las ventajas competitivas son las desarrolladas por el hombre, especialmente sobre la base de la educación, la generación y el uso óptimo de tecnologías, la captación y mejor uso de los recursos financieros; la formación, contratación y capacitación de los recursos humanos más calificados; la producción en escala o especializada, la comercialización nacional e internacional de los productos, la disposición de marcos legales nacional e internacional favorables.

La información estadística del Banco Central, de enero a noviembre de cada año, indica que, en 2017, el Ecuador exportó en total 17363 millones de dólares, cifra comparable mayor que la del año 2016 en el 14 por ciento y en el 2,3 por ciento a la del 2015. También informa que la exportación no petrolera fue mayor que la petrolera y que sumó en 2015 un poco menos de 10668 millones de dólares, en 2016 también algo menos de 10312 millones, mientras que, en 2017 sumó cerca de 11092 millones, con el mejor registro del trienio.

Los productos tradicionales significaron, en los 11 meses de cada uno de los tres años indicados, los mayores porcentajes de la exportación no petrolera, 53,5 por ciento en el primer año, 56,9 por ciento en el segundo y 58,3 por ciento en el último. Los productos no tradicionales cubrieron los porcentajes menores de cada año. Se debe anotar, sin embargo, que el Banco Central califica como productos no tradicionales de exportación a las flores de clima templado y a los enlatados de pescado, cuando estas dos clases de productos se venden en el exterior por cerca de cuarenta años, lo que desde mi punto de vista los convierte en tradicionales.

Las exportaciones no tradicionales, con las cifras ajustadas según el criterio del autor para los meses de enero a noviembre de cada año, estas exportaciones reducen su participación en forma significativa: del 46,3 por ciento a solamente el 31,3 por ciento en el 2015; del 43,1 por ciento a únicamente 27,9 por ciento en el 2016 ciento y de 41,7 por ciento a 24,9 por ciento en el 2017, lo que estaría demostrando que las políticas de promoción de exportaciones de los gobiernos y sobre todo del último, no han dado el resultado necesario y que, tanto las cifras absolutas como los porcentajes de exportación de bienes no tradicionales, han caído en el trienio último de manera persistente.

Las exportaciones no tradicionales representaron los siguientes porcentajes frente al valor total de exportaciones, en el año 2017, en orden de importancia: otras manufacturas de metal (3%), extractos y aceites vegetales (2,3%), productos mineros (2,2%), madera (2%), elaborados de banano (1,2%); manufacturas de cuero, caucho y plástico (1,2%); químicos y fármacos (1,1%), jugos y conservas de frutas (1%), harina de pescado (0,9%), frutas (0,8%), vehículos (0,6%), maderas terciadas y prensadas (0,5%), manufacturas de papel y cartón (0,5%), otras manufacturas textiles (0,5%), tabaco en rama (0,5%), otros elaborados del mar (0,3%), fibra de abacá 0,2%), prendas de vestir de fibras textiles (0,1%).

Pesan aquí las exportaciones no tradicionales primarias y aquellas industriales cuyo valor agregado nacional es pequeño. Entre las primeras, madera. frutas, tabaco en rama, abacá; entre las otras, casi todas las demás, excepto algunas manufacturas de caucho y plástico, químicos y fármacos, manufacturas de papel y cartón, prendas de vestir de fibras textiles.

Además, también aquí hay productos tradicionales incluidos en los no tradicionales; por ejemplo, madera, frutas, químicos y fármacos (LIFE ya exportaba en los años sesenta del siglo XX a Centroamérica), tabaco en rama.

También hay que señalar que, un porcentaje importante de las exportaciones de manufacturas va hacia Colombia, en razón de que, desde 1992, funciona la Zona de Libre Comercio de la Comunidad Andina y no hay que pagar aranceles a la importación de los productos con origen nacional, lo que crea un margen de preferencia a favor del país; y, que, en el caso de los vehículos, además de eso hay un acuerdo entre las transnacionales del ramo o al interior de esas empresas, para que los vehículos de menor cilindrada venda el Ecuador a Colombia y Colombia al Ecuador los de cilindrada intermedia, no obstante que, si se aplicaran normas de origen en forma rigurosa, ninguno de los dos países cumpliría con ellas, porque su componente nacional es bajo, debido a que motores, cajas de cambio y partes importantes de los chasís se importan desde terceros países en los llamados CKD.

Esto es a todas luces preocupante, porque mientras otros países buscan diversificar sus exportaciones, dándoles valor agregado y mayor peso a las no tradicionales (básicamente industriales y de servicios) que a las tradicionales (primarias), en el Ecuador seguimos dependiendo de las exportaciones primarias y cada vez en mayores niveles absoluto y relativo. Desde 1973 hasta la fecha, apenas 10 productos (petróleo y los agrícolas ya sabidos) representan cerca del 80% de la exportación total.

¿Por qué pudieron darse esos resultados, tan indeseables para el país?

Para la inversión, hemos repetido reiteradamente, junto con otros analistas, que el factor principal es la vigencia de la Constitución de 2008, cuya aplicación lleva a generar total inseguridad jurídica. En primer lugar, la Ley madre es, para los efectos de este análisis, ambientalista, estatista, presidencialista y proclive, como ya se experimentó entre los años 2007 a 2017, a la dictadura “democrática”, por el ejercicio presidencial de todos los poderes, bajo el argumento de que era Jefe de Estado para todo efecto. Primero, la normativa ambientalista lleva a que se pretenda reducir el cultivo de productos agropecuarios que afecten de alguna forma a la madre naturaleza y, obviamente, todos los cultivos principales de exportación y consumo interno, entre ellos la ganadería bovina, para su desarrollo requieren del uso de abonos y plaguicidas químicos, que alteran el equilibrio ambiental. Segundo, la Constitución reserva para el Estado los sectores estratégicos de la producción de bienes y servicios, señalando cuáles son esos sectores, pero dejando abierta la puerta para que el Estado incluya otros sectores a su mejor conveniencia. Tercero, las disposiciones presidencialistas facultan al presidente de la República a actuar vía decretos de emergencia con demasiada flexibilidad, a utilizar el marco legal e institucional en beneficio presidencial, de manera que las funciones del Estado (las tradicionales y las dos inventadas) hace posible que controle todas las actividades públicas e incluso privadas, del país. Cuarto, todas las instituciones de control, por la vía del Consejo de Participación Ciudadana, pueden quedar bajo el dominio del presidente.

El resultado de la inseguridad jurídica es que, mientras en los países vecinos las inversiones de la década anterior han sumado cifras anuales superiores o cercanas a los 10 mil millones de dólares, en el Ecuador apenas han superado ocasionalmente los mil millones de dólares por año, estando en general por debajo de esa cifra. El Código Orgánico de la Inversión y la Producción fue un fracaso reconocido por el mismo gobierno, que tuvo que aprobar otras leyes para enmendarlo, que al final tampoco dieron el resultado esperado.

PIB. – La falta de inversión repercutió en la producción y por ello, las cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los años 2007 a 2017, en promedio fueron menores que las de los años anteriores de este siglo, a pesar de la enorme cantidad de recursos de que dispuso el gobierno y el país, por la exportación de los productos tradicionales, especialmente el petróleo y por el irresponsable, caro, secreto y creciente endeudamiento de los últimos años.

Agroindustria. – Dada la vocación agropecuaria del país, hay que apoyar firmemente el desarrollo de la agroindustria nacional, primero dándole la debida atención al sector agropecuario y luego multiplicando proyectos de desarrollo agroindustrial, para ir al mercado mundial con productos de mayor valor agregado y generación de numerosos clusters.

Empleo. – Al no haber inversión y producción, tampoco hubo generación de empleo. Las cifras del Instituto de Estadística y Censos son decidoras: a mediados del 2017 menos de la mitad de la PEA contaba con empleo adecuado y el resto se debatía entre la subocupación y el desempleo, generando pobreza, angustia y hasta delincuencia en millones de personas.

Promoción de exportaciones. – Las exportaciones no tuvieron el apoyo necesario del gobierno, puesto que creó malestar en las relaciones políticas con los Estados Unidos, el principal cliente del país; renunció a las preferencias arancelarias que ese país entregaba al Ecuador; mantuvo esfuerzos contradictorios en las relaciones con la Unión Europea, que retardaron por años la firma del Acuerdo Comercial bilateral, generando rigideces innecesarias en las negociaciones y llegando al final a admitir el marco del Acuerdo ya vigente para Colombia y Perú; perdió oportunidades de mejorar las condiciones de comercio con los países de la Comunidad Andina y vivió en el filo de la navaja con respecto a la aplicación de las normas aceptadas del Acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC)

Con esos antecedentes, debo felicitar la labor que viene desarrollando el Ministro de Comercio Exterior, en cuanto a buscar inversionistas y fomentar las exportaciones de toda clase. Sin embargo, me temo que mientras no estén claras las reglas de juego del Estado frente a los empresarios nacionales y extranjeros, muchos interesados en venir al país investigarán cuál es la realidad política, económica y social actual y posible hasta el año 2021 y no llegarán a materializar sus proyectos, a menos que sean de rentabilidades altas en el corto plazo.

Otro aspecto importante para ganar competitividad es que se pueda contar con puertos y aeropuertos para movilizar personas y carga en forma óptima. Hay que trabajar mucho para disponer pronto de un puerto que reciba barcos Post Panamá y para tener operativos los aeropuertos de Manta y Latacunga para vuelos internacionales. Con ello, los canales aptos para incrementar el comercio exterior y el turismo darían servicio óptimo a los empresarios.

Acuerdo comercial con la Unión Europea. – Los primeros resultados son interesantes. Han crecido las exportaciones y las importaciones y al país le conviene que las tasas de incremento sean altas y crecientes, porque con la UE hay complementariedad: nosotros les abastecemos de alimentos y productos exóticos agropecuarios y de pequeñas industrias y ellos nos venden productos industriales de alto valor tecnológico y vehículos de todo tipo. Resta ampliar las inversiones y las producciones exportables cuyo destino sea Europa.

Comercio con Estados Unidos. –Un resultado que todos esperamos de la acción ministerial es la renovación del Sistema General de Preferencias (SGP). Si se llega a producir, al menos por un tiempo, los productos nacionales mantendrán en Estados Unidos la competitividad adquirida con mucho esfuerzo en los años anteriores. Si no se diera, la palabra del ministro quedaría en entredicho y el país saldría muy perjudicado.

A más largo plazo, pero no tanto, se requiere volver a la mesa de negociación con los Estados Unidos, para llegar al acuerdo comercial (con cualquier nombre), que garantice el acceso de los productos nacionales, sin restricciones y de manera permanente, al mercado estadounidense. Las 18 mesas de negociación que hubo en las reuniones anteriores quizás deberían reducirse a una decena, para enfrentar los temas de mayor importancia y utilidad.

Comercio con otros países. – Hay que utilizar el acuerdo con la UE como referencia principal para negociar acuerdos con países de mercados importantes. No conviene gastar esfuerzos en este momento en tratar de llegar a acuerdos con países cuyos mercados son muy pequeños o lejanos. En la mira deben estar China, India, Corea del Sur, los países del EFTA.

La Comunidad Andina requiere atención especial, para sacarla del coma en el que se encuentra. Hay que buscar mecanismos de revitalización del proceso, en vez de manosear el libre comercio cada que el país necesita frenar importaciones desde los países vecinos, porque lo que se logra es aumentar el contrabando.

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