BOLETÍN 156: ECUADOR: LAS EMPRESAS Y EL ESTADO

Eco. Luis Luna Osorio MBA

El Ecuador está inmerso en la globalización tecnológica y en la globalización económica, sean o no del gusto de algunos de sus habitantes y especialmente del gobierno. Las políticas y normas de los países desarrollados, las decisiones de los organismos internacionales, incluso las acciones de muchas empresas transnacionales, inciden sobre el qué hacer nacional, a veces de manera muy importante y sin que el país pueda neutralizar todos sus efectos.

Por esa razón, las políticas estatales (de largo plazo) deben partir del conocimiento de esa realidad y no formularse pensando en un país autárquico, en el que las decisiones son autónomas e influyen sobre los ciudadanos y las empresas, al margen de lo que sucede en el entorno internacional y regional.

Ahorristas nacionales, inversionistas extranjeros, productores nacionales y de terceros países, exportadores, importadores, turistas, bancos, transportistas, abastecedores de servicios financieros y de comunicaciones, son afectados por cualquier medida gubernamental que se tome y sea favorable o negativa a sus intereses o a sus normas; pero, cuando les es posible, se acogen a disposiciones foráneas más convenientes, se van del país o si aún no están en él simplemente no llegan. También se afectan otros gobiernos y organismos internacionales,

En el caso de las empresas, el Estado debe ser muy cuidadoso con lo que hace o deja de hacer, pues de eso depende que ellas tengan posibilidades de efectuar buenos negocios o de registrar pérdidas. En mi criterio, el gobierno no debe segmentar a las empresas nacionales, para subsidiar o incentivar a las llamadas micro, pequeñas y medianas (MIPYMES), argumentando que son las que más empleo generan y castigar a las llamadas grandes empresas con normas, tributación, procedimientos y trámites exagerados, porque todas las empresas con domicilio en el país están sujetas al comportamiento del mercado internacional y dentro de ese mercado, las consideradas “grandes” empresas nacionales, son apenas micro o pequeñas y algunas quizás medianas.

Pruebas al canto. Según Economipedia, las 5 empresas más grandes del mundo del año 2017, por su capital bursátil, en miles de millones de euros, son: Apple, de tecnología (686,14); Alphabet, de comunicaciones (544,23); Microsoft, de tecnología (467,23); Amazon, de comunicaciones (399,53); y, Facebook también de comunicaciones (383,2). Todas pertenecen a Estados Unidos, son de servicios modernos y crean o desarrollan tecnología de punta.

Entre las 100 empresas más grandes del mundo de 2016, recién en el puesto 88 aparece una empresa brasilera: AMBEV SA, de consumo no cíclico, con 84,2 miles de millones de euros de capital bursátil (12% del capital de Apple) y no hay ninguna más de América Latina en esa lista.

Por otra parte, entre las 100 empresas mayores de América Latina en 2015, según la misma fuente, no aparece ninguna del Ecuador; y, la revista América Economía señala que, entre las 500 mayores empresas de la Región del año 2011, La Favorita consta en el puesto 343, América Móvil en el 419 y pare de contar, lo que confirma que las empresas del Ecuador a nivel internacional son de pequeña magnitud.

La revista VISTAZO No. 1202, de septiembre último, basada en cifras de la Superintendencia de Compañías, dice que las 500 empresas mayores del país vendieron en 2016 un total de 65 mil millones de dólares, cifra inferior a la del año 2011 en mil millones. La mayor de todas es Petroecuador, empresa petrolera estatal con ingresos por 8.213 millones de dólares, que está muy por arriba de la segunda empresa, perteneciente al sector privado, Corporación Favorita, que llega a 1.887 millones, cifra menor a la cuarta parte de la anteriormente indicada.

Los 10 sectores de actividad con mayores ingresos en 2016 fueron: Petróleo (21,3%), Comercio (10%), Construcción y afines (10%), Alimentos (8%), Pesca y Acuacultura (5,9%), Telecomunicaciones (5,8%), Agroindustria (5,6%), Automotriz (5,3%), Salud (5,2%), Energía (4,8%). Les siguieron otros 10 sectores: bebidas, aseo y belleza, electrodomésticos, balanceados, transporte aéreo, papel y cartón, servicios concesionados, envases, plásticos y químicos.

Las 10 mayores empresas privadas del país apenas dan empleo a 65.190 personas, sobre una población económicamente activa de 8,1 millones de personas (menos del 1 por ciento), aun cuando hay que mencionar que, en esas empresas, los niveles salariales promedio son bastante más altos que en el promedio del total de empresas y con respecto al salario básico.

Lo que hay que buscar es que las empresas existentes en el país se encadenen, fusionen o absorban, a fin de que dispongan de capitales más grandes y condiciones de producción mucho mejores; por otra parte, y quizás la más importante, hay que definir políticas de atracción de empresas multinacionales que lleguen a producir bienes y servicios con las más modernas tecnologías y con objetivos claros de explotación del mercado internacional.

Por tanto, el Estado ecuatoriano tiene la obligación de generar condiciones para que en el país se multipliquen las verdaderas “grandes empresas”. Eso no se logra afectando jurídica y tributariamente a las llamadas grandes empresas y supuestamente incentivando a las MIPYMES, porque son las primeras las que efectúan grandes inversiones, aportan con alrededor del 70% del PIB, tienen proyectos de muy largo aliento, requieren personal especializado y bien remunerado, captan tecnología de punta, generan exportaciones, demandan cantidades importantes de bienes y servicios de las MIPYMES; en tanto que éstas realizan inversiones modestas, aportan con alrededor del 30% del PIB, registran alta mortalidad, dan empleo sin mayor especialización y no muy bien remunerado, utilizan tecnologías obsoletas, exportan muy poco.

¿A qué vienen estas menciones? A que, según mi parecer, cuando el gobierno, para efectos tributarios o para el otorgamiento de incentivos, divide a las empresas del país en micro, pequeñas, medianas y grandes, considero que está equivocado, porque el análisis del cual parte sugiere que el Ecuador es un país cerrado, en el cual no influyen para nada la globalización y los efectos de ella sobre la producción y el comercio internacional e interno.
Los gobiernos, sobre todo en países como el Ecuador, están en la obligación de apoyar a todas sus empresas sin distingo de tamaño, generando sinergias entre ellas y conscientes de que lo ideal es que se produzcan encadenamientos productivos, clusters, asociaciones de productores o exportadores, y otras formas de desarrollo empresarial, que permitan competir con alguna ventaja en el mercado internacional.

Los encadenamientos productivos pueden efectuarse para la integración vertical u horizontal de las empresas, con el propósito de reducir costos o asegurar demanda y características de la producción, en beneficio general. Integración vertical, por ejemplo, entre productores de algodón y fábricas de hilos, telas, confecciones y diseñadores de modas. Integración horizontal, cuando empresas de diverso orden se asocian para formar parques industriales o importar juntas.

Los clusters son conjuntos de empresas en los cuales un producto es el núcleo y los demás se ubican en la periferia. Si el camarón es el producto base, alrededor estarán los laboratorios productores de larvas, las constructoras de piscinas, las productoras de alimento camaronero, las importadoras de equipos de frío, las industrias de cartón y plástico para embalar los productos y así sucesivamente, además de todos los entes estatales o no vinculados al desarrollo del producto. Si la exportación de camarón mejora, todos ganan; si se reduce, todos pierden. Consecuencia: su trabajo debe ser coordinado y destinado a mejorar consistentemente la productividad y la competitividad.

Las asociaciones de productores o exportadores van en el mismo sentido, pero en el caso de los exportadores, las acciones tienen que destinarse a reducir los costos de la logística internacional, que son una parte sustancial del precio al consumidor del producto, y a mejorar las condiciones de negociación del producto en los mercados conocidos o a lograr nuevos mercados.

Con esos antecedentes, el Estado (no solo el gobierno, porque para el desarrollo empresarial se necesitan políticas de Estado), debe entender cuatro realidades innegables: una, el mercado externo es fundamental para Ecuador, porque sin su aporte el país no puede desarrollarse, debido a que el mercado nacional es muy pequeño, sobre todo para las industrias que no son las básicas de alimentos, vestido y muebles; dos, apenas significamos el uno por mil del PIB mundial, lo que confirma que el conjunto de nuestras empresas es “micro” o pequeño en comparación con el conjunto de las empresas del mundo; tres, nuestra contribución al comercio internacional también suma alrededor del uno por mil y necesitamos ampliarlo significativamente; y, cuatro, son las llamadas grandes empresas nacionales (las sociedades de capital), las que aportan el más grande porcentaje de la producción nacional y por tanto, su efecto multiplicador contribuye a que las demás, llamadas MIPYMES, se beneficien del incremento de la demanda, del mejoramiento tecnológico, del aumento del empleo, de las mejores condiciones de la mano de obra.

El país tiene que apuntar hacia cuatro objetivos, que no deben ser parte de un plan de desarrollo cuatrienal, sino de una estrategia estatal de largo plazo: integrarse mucho más al mercado mundial, lograr que se expandan las empresas nacionales, conseguir que grandes empresas industriales internacionales establezcan en el Ecuador sucursales para fabricar productos de exportación y facilitar que las producciones lleguen a los consumidores nacionales y extranjeros en las mejores condiciones de competitividad.

Para lo primero, se requiere suscribir acuerdos de facilitación de las inversiones y el comercio, con los países del mundo que son o que presentan posibilidades de llegar a ser mercados importantes para el país. Tenemos ya como referencia para las negociaciones el Acuerdo Multipartes con la Unión Europea y negociar con otros países y bloques será menos complejo. En la lista, el primero es Estados Unidos, nuestro principal cliente y abastecedor; luego, los países de la Asociación de Libre Comercio de Europa (EFTA), con los cuales parece que las negociaciones están avanzadas; después, Corea del Sur, China, Rusia.

Para lo segundo, hay que generar condiciones favorables a la inversión extranjera directa, manteniendo la estabilidad política constitucional, dando la seguridad jurídica necesaria para que los dueños de los capitales y las utilidades puedan repatriarlos cuando quieran, respetando los contratos y fijando por décadas la proporción de impuestos que deben pagar las empresas, dándoles la posibilidad de contratar empleados capaces para su actividad, por los tiempos que los requieran; evitando que se asfixien con procedimientos y trámites; eliminando y no creando reglas exageradas sobre calidad, precios, reparto de utilidades, sueldos máximos de sus autoridades, informes periódicos, etc.

Para provocar la competitividad de las empresas, el Estado tiene varias grandes responsabilidades: dotar al país de infraestructura (especialmente puertos y aeropuertos modernos) y servicios públicos suficientes a costos mínimos; inducirlas con incentivos tributarios y financieros para que se fusionen o asocien y establezcan encadenamientos productivos y clusters; proveerles de trabajadores especializados, preparados con las mayores exigencias modernas; hacerles participar de los desarrollos tecnológicos más avanzados; liberar de todo impuesto a la importación de los bienes de capital y materias primas que no se produzcan en el país y devolver a las empresas, en el menor tiempo, los impuestos indirectos pagados; dotar al servicio comercial en el exterior, de los medios suficientes para que cumpla su labor de agente de promoción de las exportaciones y atracción de inversiones; volver a la profesionalidad de los diplomáticos, para que apoyen las tareas del servicio comercial.

Solo así, las empresas domiciliadas en el territorio nacional podrán adquirir en conjunto los tamaños y las cualidades que requieren para darle al Ecuador una mayor y mejor participación en la producción y la exportación mundial.

POR FAVOR, LEA EL LIBRO “ECONOMÍA INTERNACIONAL Y DE AMÉRICA LATINA, de Luis Luna Osorio y Claudia Marcela Bastidas. Edición 2017.

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